Corregido y presentable




Son dos las responsabilidades del editor en el proceso de la creación de un libro: buscar manuscritos para publicarlos y la corrección que permitirá prepararlos para su impresión. La corrección es, entonces, preparar el manuscrito para enviarlo con el tipógrafo. Una vez ahí, el corrector se encargará de ayudar al autor a preparar sus ideas para presentarlas de forma más nítida, ordenan y eficaz.
La corrección del manuscrito consiste en revisarlo para presentarlo limpio y con las instrucciones para que el tipógrafo haga su trabajo. Para ello, debe indicar el tamaño y tipo de letras, la longitud de la línea, el interlineado y otros detalles.
En esta etapa del diseño editorial el corrector del manuscrito debe tener en cuenta siete aspectos importantes para que al trabajo que se enviará al tipógrafo se le haga el menor número de correcciones posteriores. Éstos son: 1) la legibilidad para que cada letra sea entendida rápidamente; 2) La unificación-uniformidad en lo que respecta a la ortografía, la puntuación, la trasliteración de signos de un idioma a otro, la puntuación, las abreviaturas, del material auxiliar; 3) El uso de la gramática, a fin de señalar lo que es correcto e incorrecto en el idioma; 4) la claridad y el estilo del texto; 5) la veracidad de la información, porque lo que el autor emplea debe ser corroborado por el corrector basándose en sus amplios conocimientos; 6) la propiedad y legalidad para que el contenido del manuscrito no viole alguna ley o vaya en contra de la política editorial de la empresa, y 7) los detalles de producción que garantizan que el manuscrito esté cien por ciento completo.
Las herramientas de las que se apoya el corrector para desarrollar su tarea son materiales e intelectuales: lápices de colores, tijeras, pegamento, cinta adhesiva, un foliador, libros de ortografía… Así como inteligencia, imaginación, preparación general, curiosidad intelectual, conocer otros idiomas y pasión por la lectura.
Una vez que el manuscrito ha pasado a manos del tipógrafo, el corrector lo recibe de nuevo con las pruebas hechas y las envía al autor para que lo revise. Durante esta etapa el corrector debe estar atento pues el manuscrito circula entre él, el tipógrafo y el autor y en muchas ocasiones no son detectadas algunas anotaciones y, por lo tanto, continúan algunos errores en el texto.
Por lo general, en este proceso sólo hay dos lecturas: las pruebas galeradas, que se hacen al texto antes de que se formen las páginas, y las pruebas compaginadas en las que las correcciones se hacen en las páginas ya foliadas.
Así mismo, en algunos casos, cuando es necesario agregar nuevas ideas o hacer cambios al manuscrito durante el proceso de edición; éstos son hechos por el tipógrafo, pero el autor debe pagar el costo de esas modificaciones que son conocidas como alteraciones del autor.
Como se puede notar en las líneas anteriores, el trabajo del editor es muy importante, tanto que puede ser amado u odiado, y que requiere de mucha inteligencia, conocimiento y diplomacia. Es tan importante que él es la última persona por la que pasa el manuscrito antes de entrar a otra etapa del proceso donde se determina la apariencia física que tendrá el futuro libro.

Datus C. Smith: “5. Corrección del manuscrito”, en: Guía para la publicación de libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991.

0 comentarios:

Publicar un comentario