
El habla fue desarrollada desde hace muchos miles de años (se calcula que entre unos 150 y 75 mil). Este acontecimiento es importante no sólo porque marca una de las principales etapas en el proceso de hominización, sino porque con este logro, los seres humanos adquirimos una de los principales instrumentos de construcción de las comunidades. Es decir, gracias al habla no vivimos más como los primates y somos capaces de organizarnos en estructuras más complejas.
Este paso de primate a hombre permitió que, en el transcurso de muchos años, los seres humanos fueran mejorando sus condiciones de vida y desarrollaran otro eslabón importante en el proceso de evolución, la técnica.
Gracias a la técnica, el habla también fue evolucionando hacia otras expresiones como la escritura y ésta, a su vez, vio su capítulo más glorioso con la invención de la imprenta. De ahí en adelante, esta historia, que inició con un grupo de hombres en una cueva estableciendo nuevas formas de comunicarse y organizarse, tendría un sinnúmero de episodios que van desde las hojas volantes hasta los blogs, pasando por los libros, periódicos y revistas.
Este proceso que ha necesitado de miles de años se traduce en el paso de lo analógico, imperado por el habla y la escritura, hacia el entorno digital cuyo principal protagonista es ahora el internet.
Atrás quedaron los días en los que el contacto con otras personas lejanas, por cuestiones de tiempo o distancia, era a través de la palabra escrita. Por supuesto que la interacción con esos sujetos era más complicada. Un ciudadano cualquiera que leía a los grandes periodistas decimonónicos difícilmente podía externarles su simpatía o su rechazo, pero establecía con ellos, sin duda alguna, una relación. Y qué decir de las personas que por cuestiones diversas tenían que alejarse de la casa paterna y la única forma de comunicarse con sus familiares y amigos era a través del servicio portal que tenía que sortear un sinnúmero de obstáculos para cumplir con su labor.
Hoy, los tiempos son otros. La interacción con un autor de nuestro interés (claro, si continúa con vida) o con alguna otra persona, por más lejos o más cerca que se encuentre de nosotros, se realiza a través del internet y en cuestión de segundos (o, por mucho, de horas) tendremos una respuesta.
Ahora, como dice Daniel Cassany, los sistemas de representación y transmisión de información por dígitos (entorno digital) se han generalizado y son tan habituales (o quizá más) que los analógicos. Pero este cambio ha implicado una serie de adecuaciones por parte de los usuarios.
El entorno digital está gobernado por el hipertexto, lo cual obliga al lector a saber exactamente qué es lo que busca. De lo contrario, se perderá en un mundo de información y su experiencia será poco fructífera.
Otra de las características del entorno digital es la inmediatez y la volatilidad, pues ahora la información debe estar lista para presentarse al auditorio en muy poco tiempo y en cuanto es consumida su lugar es ocupado por otra información nueva que es más interesante que su antecesora. Obviamente, las formas de ofrecer los contenidos también son diferentes y ahora estamos ante el surgimiento de nuevos géneros.
Sí, en efecto, el advenimiento del entorno digital en el uso de la escritura está cambiando las prácticas comunicativas en la práctica, en el discurso y en la forma de ponerlas en práctica.
¿Esta situación ha tenido algún impacto en la educación? Claro, sin duda. El paso de lo analógico a lo digital ha modificado los procesos de enseñanza-aprendizaje y ahora los alumnos de cualquier nivel educativo son invitados (y en algunos casos obligados) a introducirse al entorno digital. Para muestra, un botón: ahora, escribo estas líneas para ser publicadas en la red, en otro tiempo, estaría leyendo el texto impreso para plasmar su contenido en papel.
Daniel Cassany, “De lo analógico a lo digital, El futuro de la enseñanza de la composición”, en: Revista Latinoamericana de Lectura, año 21,junio de 2000, núm. 2, 11 p.
Este paso de primate a hombre permitió que, en el transcurso de muchos años, los seres humanos fueran mejorando sus condiciones de vida y desarrollaran otro eslabón importante en el proceso de evolución, la técnica.
Gracias a la técnica, el habla también fue evolucionando hacia otras expresiones como la escritura y ésta, a su vez, vio su capítulo más glorioso con la invención de la imprenta. De ahí en adelante, esta historia, que inició con un grupo de hombres en una cueva estableciendo nuevas formas de comunicarse y organizarse, tendría un sinnúmero de episodios que van desde las hojas volantes hasta los blogs, pasando por los libros, periódicos y revistas.
Este proceso que ha necesitado de miles de años se traduce en el paso de lo analógico, imperado por el habla y la escritura, hacia el entorno digital cuyo principal protagonista es ahora el internet.
Atrás quedaron los días en los que el contacto con otras personas lejanas, por cuestiones de tiempo o distancia, era a través de la palabra escrita. Por supuesto que la interacción con esos sujetos era más complicada. Un ciudadano cualquiera que leía a los grandes periodistas decimonónicos difícilmente podía externarles su simpatía o su rechazo, pero establecía con ellos, sin duda alguna, una relación. Y qué decir de las personas que por cuestiones diversas tenían que alejarse de la casa paterna y la única forma de comunicarse con sus familiares y amigos era a través del servicio portal que tenía que sortear un sinnúmero de obstáculos para cumplir con su labor.
Hoy, los tiempos son otros. La interacción con un autor de nuestro interés (claro, si continúa con vida) o con alguna otra persona, por más lejos o más cerca que se encuentre de nosotros, se realiza a través del internet y en cuestión de segundos (o, por mucho, de horas) tendremos una respuesta.
Ahora, como dice Daniel Cassany, los sistemas de representación y transmisión de información por dígitos (entorno digital) se han generalizado y son tan habituales (o quizá más) que los analógicos. Pero este cambio ha implicado una serie de adecuaciones por parte de los usuarios.
El entorno digital está gobernado por el hipertexto, lo cual obliga al lector a saber exactamente qué es lo que busca. De lo contrario, se perderá en un mundo de información y su experiencia será poco fructífera.
Otra de las características del entorno digital es la inmediatez y la volatilidad, pues ahora la información debe estar lista para presentarse al auditorio en muy poco tiempo y en cuanto es consumida su lugar es ocupado por otra información nueva que es más interesante que su antecesora. Obviamente, las formas de ofrecer los contenidos también son diferentes y ahora estamos ante el surgimiento de nuevos géneros.
Sí, en efecto, el advenimiento del entorno digital en el uso de la escritura está cambiando las prácticas comunicativas en la práctica, en el discurso y en la forma de ponerlas en práctica.
¿Esta situación ha tenido algún impacto en la educación? Claro, sin duda. El paso de lo analógico a lo digital ha modificado los procesos de enseñanza-aprendizaje y ahora los alumnos de cualquier nivel educativo son invitados (y en algunos casos obligados) a introducirse al entorno digital. Para muestra, un botón: ahora, escribo estas líneas para ser publicadas en la red, en otro tiempo, estaría leyendo el texto impreso para plasmar su contenido en papel.
Daniel Cassany, “De lo analógico a lo digital, El futuro de la enseñanza de la composición”, en: Revista Latinoamericana de Lectura, año 21,junio de 2000, núm. 2, 11 p.


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