Por eso... ¡tenemos que leer!



Son dos las afirmaciones que hace Carlos Monsiváis en su elogio a los libros: que los niveles que alcanza la preferencia por la lectura en la actualidad son muy bajos y que se carece de un programa adecuado para fomentar este hábito entre la gente.
Cada uno de dichos puntos se debe a situaciones específicas tangibles que han hecho de la lectura algo ajeno al grueso de la población, razón por la cual, aunque puede ser infructuoso, es necesario realzar sus bondades a través de un elogio como el de Monsiváis.
¿Cuál es el principal enemigo que amenaza el gusto masivo por la lectura? ¿Acaso la globalización? Juzguen ustedes: ahora, los nuevos procesos de lectura están regidos por nuevas formas de acceso y consumo de los productos, qué decir de la proliferación de los bestsellers y la literatura de autoayuda, de los temas de moda impuestos por el internet, del dominio de la imagen por encima de la palabra escrita o de la captación de industrias editoriales por los llamados holdings, por nombrar sólo algunas.
En medio de este panorama tan desalentador en el que apenas subsiste la lectura, aunque se hagan un sinnúmero de esfuerzos por promoverla, éstos serán infructuosos porque se hacen esperando beneficios sociales, razón por la que ahora lectura y status social son dos cosas que no se conciben una sin la otra.
Otro tiro de gracia para la lectura es, como indica Monsiváis, la llamada “catástrofe educativa” que ha arrasado con todo a su paso, empezando por las malogradas campañas que pretenden fomentar dicho hábito. Esto ha sido causado por: la incapacidad de las instituciones de actualizar los métodos de enseñanza, el hecho de que se vea a la práctica de la lectura como un requisito para conseguir un título universitario, el fin de la creencia en las bondades de tener un título y la falta de planeación en las carreras universitarias.
La experiencia diaria demuestra, no sólo que no existen programas que puedan resarcir los efectos de esta catástrofe educativa, sino que en países como el nuestro la lectura ha sido menospreciada por considerársele como una actividad elitista, y por tanto no ha sido impulsada desde las propias instituciones educativas.
Así, las declaraciones de Jaime Labastida, exdirector de Siglo XXI, que presenta Monsiváis en su elogio, en las que se advierte que para solucionar este problema no son necesarias campañas de promoción de lectura, ni mejorar los precios de los libros, ni abrir más librerías y bibliotecas; son acertadas, pues el amor por la lectura no puede nacer de otra cosa más que de un interés personal.
Carlos Monsiváis: Elogio (innecesario) de los libros. Ponencia presentada en el 6º. Congreso Nacional de Lectura, 2004. Fundalectura, Colombia

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